sábado, 23 de febrero de 2019

El naco y el discapacitado A defender el FONCA con los puños, camaradas

El naco y el discapacitado
A defender el FONCA con los puños, camaradas

Luis Enrique Gutiérrez O.M.

Para ser ciertos, no hay sorpresa. En lo dicho, en lo escrito, el Peje siempre mostró desprecio por temas como la cultura y los derechos humanos. Es simpático, tal vez uno de los motivos porque votamos por él, pero realmente es muy naco. Su discurso siempre ha sido cantinflesco cuando se ver obligado a fijar una postura al respecto. Así, cantinflescas, al grado de ofender impunemente a los artistas, han sido las declaraciones del nuevo titular del FONCA, un hombre que llega ahí esgrimiendo como principal mérito ser discapacitado. Este señor Bellatín, como discapacitado, merece todos mis respetos si me lo encuentro en la parada del camión o queriendo cruzar la calle, pero como funcionario, en dos meses ha demostrado ser una basura. Basura de la peligrosa.
El señor Bellatín, en vez de estar promoviendo integrar la seguridad social para los artistas beneficiaros de FONCA, en lugar de pelear porque aumenten los montos y se descentralicen para que lleguen a más artistas y grupos del país, en vez de esto, se ha envuelto en un galimatías donde se escuda en información privilegiada sobre cuchupos que no da a conocer, y mientras pretende vernos la cara de babosos a los artistas con sus enredos, por otra parte da órdenes a su gente para que entorpezca y bloquee los pocos apoyos que ya existen, a fin de mermarlos y a la larga, justificar su desaparición.
Es verdad que el FONCA tiene problemas, es verdad que hay que trabajar en su descentralización y modificar los sistemas de selección, los que hasta ahora, por componerse de los mismos jurados que reciben las becas en otras convocatorias, se ha ido entropizando en algunas disciplinas. Pero hay que reconocer que el FONCA, en sus problemas, también exhibe sus virtudes: es tal vez el órgano público más ciudadanizado de la federación. Sus decisiones, sobre todo las principales: a quién y cómo se le otorgan los apoyos para el arte y la cultura, no las toma un burócrata atrás de un escritorio, sino cuerpos colegiados de artistas, en un sistema tan público que hasta las notas del jurado sobre los proyectos son objeto de acceso a la información pública.
No ha argumento que valga. Si en el FONCA se encuentran de repente creadores que accedieron a apoyos y reconocimientos sin mucho mérito, la gran mayoría hemos recorrido todos los escalones de la meritocracia y trabajamos mucho más de lo que nos piden en los proyectos e, incluso, retribuimos a la sociedad más de lo que nos pide el FONCA sin que eso quepa en los reportes.
Siempre habrá burócratas, como los de la Secretaría de Hacienda, que vean con malos ojos que se destinen al arte y la cultura los dineros que les gustaría usar para armar al ejército contra los ciudadanos. De ellos se entiende, son contadores cuentachiles. Pero que el mismo director de FONCA se ponga de su lado, es inconcebible. De nada sirve mandar cartas al Peje o a la ONU, lo primero que tenemos que hacer, es pedir que destituyan a este señor Bellatín del FONCA, y que si tienen algún compromiso político con él, ya sea por su postura política o por su discapacidad, lo reasignen como notificador del SAT, que es el lugar en el que debería estar.
Artistas y promotores, no podemos dejar que nos sigan ofendiendo, defendamos el FONCA con los puños, con ambos.

jueves, 11 de octubre de 2018

El nini


El nini

¿Entonces?
Ay, mamá…
Yo solo decía.
¿Eso es lo que quieres?
Que yo solo decía. ¿Quieres más frijolitos?
No quiero más frijolitos y deja de molestarme.
Es que yo veo a los otros muchachos, que ya hasta tienen su casa y…
Y qué.
Y se responsabilizan.
Mamá.
Yo pensé que ahora que ya eres gobernador, podrías buscar una casa bonita, y casarte… y eso que hacen todos.
Como no vivir con sus papás.
Que yo solo decía.
Mamá, todavía no tomo posesión y ya me andas echando de la casa.
Pero mijo.
No me quieres.
Cómo dices eso. Por qué me dices esas cosas.
Pues eso parece.
¿En serio no quieres más frijoles? Les puse huesito de aguacate, como te gustan.
Que no quiero más frijoles. ¿Ya?
Mira al otro muchacho.
A qué otro muchacho.
Al que le ganaste.
¿Ese qué?
Ese no vive con sus papás.
Peor tantito, su papá lo quería poner de gobernador.
No andes hablando mal de los otros.
Su papá lo quería poner de gobernador.
No hables mal de los otros que ya no estás en campaña. Ese muchacho habría sido un buen gobernador.
Qué estás diciendo.
Nada, yo solo digo.
Qué estás diciendo, mamá.
Que no estoy diciendo nada.
Mamá…
Qué.
Mamá, dime la verdad, ¿por quién votaste?
El voto es libre y secreto.
Mamá…
Yo solo digo que ese era muy buen candidato, y no tiene nada de malo que la gente vote por él.
¿Votaste por él, mamá?
No te lo voy a decir. Libre y secreto.
Mamá. ¿Votaste en mi contra?
Pinche chairo.
Mamá. Votaste por ese wey.
Yo no dije eso.
Ya que quieres que me vaya de la casa, aunque fuera por eso, por qué no votaste por mí. Así si ganaba, me iba de gobernador y ya no te molestaba.
Ja… para lo que sirvió.
Que todavía no tomo posesión.
Mijo, ¿me estás diciendo que en diciembre te vas de la casa?
No estoy diciendo nada. Estoy diciendo que apenas pasaron los cómputos distritales y tú ya me andas echando.
No voltees las cosas. Yo no quiero que te vayas.
Eso parece.
Ya sabes que esta es tu casa y que siempre va a ser tu casa aunque te vayas a otro lado ahora que te den tu hueso.
Eso está mejor.
¿Y para cuándo dices que tomas posesión?
No voy a hablar más del tema. Y deja de querer servirme frijoles.
¿Y ese señor, el que te hizo la campaña?
De quién hablas.
Del canosito. El que dice de la mafia del poder y esas cosas.
Ah, ese. Ese qué.
¿Ese también vive con sus papás?
Por si no sabes, para que no andes hablando mal de la gente… él tiene su propio departamento.
¿Ya ves lo que te digo?
No, no veo lo que me dices.
Él no vive con sus papás.
Tiene como setenta años, claro que no vive con sus papás.
Ay, Dios mío. ¿En serio estás esperando cumplir setenta años para mudarte?
Me lleva… me lleva…
Ya, ya no digo nada.
Está bien. Échame más frijoles.
¿No que ya no?
Y las tortillas ya se enfriaron. Carajo.

martes, 2 de octubre de 2018

El plomero y la gendarma


El plomero y la gendarma

Luis Enrique Gutiérrez O.M.

—Mi marido es policía.
Esa es la definición de dar dos respuestas en una. Las dos muy malas, ninguna de ambas solicitada.
La había conocido en la fila del súper. Era menudita. Como la vi medio chacha le dije que yo era plomero. Cosa que no me creyó. Como ella me vio medio mamón y bañadito me dijo que tenía un puesto en el tianguis. Yo ni le creí ni no, me valía madres si vendía pollos destazados o lavaba ajeno. Y ya emparejadas las condiciones sociales, cual debe ser, estuvimos cogiendo por tres meses. Ella iba a mi departamento, no este, el de Vistas, en el que estuve como tres años. Yo nunca iba a su casa.
—Para ser plomero, tu departamento es muy bonito y al excusado hay que jalarle el hilito con la mano.
Yo debí responderle que para tener un puesto de ropa en pacas en el tianguis se vestía como si fuera a meterse a limpiar el tinaco. Pero soy un caballero y guardé silencio.
—Mi marido es policía, pero no te apures, ya le dije “de lo nuestro”.
Puta madre. Con razón casi siempre venía de noche.
—No me digas que trabaja en el turno de noche.
—A veces, normalmente veinticuatro por cuarenta y ocho.
Puta madre, con razón casi siempre venía de noche y a veces se quedaba todo el día. Veíamos series gringas. Yo preparaba medias noches con jamón o sopa de coditos y nos poníamos a ver series gringas de un tirón. No hablábamos mucho, solo veíamos series gringas y cogíamos. Aunque con tanta media noche y coditos, más que estadas románticas esas parecían fiesta infantil de clase media baja. Solo nos faltaba el payaso que se pierde a fumar mota entre número y número.
—¿Y qué es eso de “lo nuestro”?
—Lo nuestro. Qué más.
Eso no me estaba gustando nada.
—¿Y cómo tomó eso de “lo nuestro?
—Ya te dije que no te apures. Anda de huída. Parece que el muy hijo de puta era de esos que desaparecían cabrones con el gobernador anterior y lo van a refundir en Pacho Viejo veinte años.
Se puso a llorar. Cosa que no entendí. El que tenía que estar llorando era yo.
—Es que nunca me dijo nada de eso. Nunca sabes con quién duerme.
—Y me lo dices a mí. ¿Crees que estemos en peligro… que se vaya a tomar a mal la cosa o algo así?
—No para nada, yo no. Es un desgraciado pero que me quiere mucho.
—Me acabas de tranquilizar.
—Ya te dije que lo van a entambar hasta que le cuelguen las tetas.
—Pero anda de huída.
—Para eso de desparecerse es una bala.
Esa tarde ya no fue como otras. Sí, cogimos. Sí, vimos serie gringas. Sí, comimos medias noches con jamón y mayonesa y sopa fría de coditos con galletas saladas. Pero nada era lo mismo. Cuando llegó el idiota de Amazon a entregar el Manual de Plomería que yo había pedido desde hacía tres meses me traté de esconder debajo de la cama. Pero no cupe. Ella terminó abriendo a pesar de que le pedí que por nada del mundo se acercara a la puerta ni hiciera ruido. Pero no entendió la clave de “no hay nadie en casa” y fue por el paquete. Lo abrió frente a mí. Lo estuvo hojeando y ojeando y luego me lo dio y seguimos viendo la cuarta temporada de Jomlan por cuevana. Así es la vida.
Esa fue la última vez que nos vimos. Nos seguimos mandando algunos mensajitos. Yo evitaba preguntarle por la fuga de su marido y ella evitaba preguntar si ya había leído el puto librito. Después los mensajes cesaron. Un día le escribí uno y me dejó en visto.
Hace poco la vi en un semáforo. Estaba de uniforme. No de agente de tránsito, sino de esas auxiliares que te están pitando para que te apures y luego te detienen de golpe para que pasen la calle siete tullidos caminando de espaldas. No me vio. Bueno, sí me vio pero no me vio. Ni siquiera me sonrió. Solo silbó un poco más fuerte, yo di vuelta y sentí esa cosita rara que sientes en la panza cuando sabes que la regaste, y bien gacho, en el amor. Así pasa.


sábado, 25 de agosto de 2018

La justicia de Pitágoras


Corrijo en mi nota de ayer:


Como es bien sabido, quien escribe este blog es un genio inusitado en lo que se refiere a la escritura de textos dramáticos, un cocinero de garnachas realmente proverbial, amigo de los perros y defensor de quienes no necesitan que los defiendan. Pero, para eso de las cuentas sí está medio pendejo. La selección de la 39MNT no incluye cuarenta obras, sino veintiséis, si se cuentan los espectáculos raros (Acciones artísticas especiales) y la encajada de siempre de la CNT; de estos, solo siete son de la ciudad de México, lo que representa un 23.1% de la selección. Lo que nos deja por una parte con la sensación de que hay un ligero avance, por la otra con la más ruda idea que nos la dejaron caer con cincuenta obras de la Ciudad de México en La libre. Como bien me apunta Alejandra Serrano, que no escribe ni cocina como un servidor, en todas las muestras hay una representación de obras locales. Quiero pensar que nadie notó que esta representación de obras locales casi triplica la selección de obras de “provincia” en la selección oficial.

viernes, 24 de agosto de 2018

Muestra La Libre o la cuota centralista


Hace pocos días se publicaron los resultados de la convocatoria a la trigésima novena muestra nacional de teatro. Una novedad que celebraron apresuradamente las redes sociales fue la disminución de la presencia dominante de obras de la Ciudad de México, pues desde los tiempos de Adán la MNT se ha caracterizado por hacer lo mismo que las políticas culturales de este país: enfocarse en el centro del país, particularmente en la Ciudad de México, y apenas atisbar con el rabillo del ojo la realidad teatral de toda nuestra geografía. O no. Lo que ahora se celebra como un avance en la selección, es que trece de las cuarenta obras seleccionadas provienen de la Ciudad de México (el 32.5%). Menudo avance. En la anterior muestra, de treinta y cinco obras seleccionadas, catorce correspondían al teatro de la Gran Tenochtitlan (el 40%), mientras en la muestra del 2016, solo once de las treinta y dos obras seleccionadas fueron chilangas, un 34.4% de la selección, casi idéntico a la selección actual. Entonces, lo que se presenta un avance de descentralización y se celebra como tal, más parece un muy pequeño accidente estadístico.
Este año se repite el ejercicio de convocar muestras estatales, luego muestras regionales y, a partir de este laborioso y muy caro experimento de inclusión y visibilización, colar cinco obras (un 10%) a la programación de la muestra. Con el detallito de que están pero no están, pues se presentan en un ambiente de condescendencia y marginación, una especie de muestrita paralela que Rodolfo Obregón ha llamado, con el tino que le caracteriza, con la “muestra paraolímpica”. Lo poco que este ejercicio repercute en la programación de la MNT se justificó desde un principio como un experimento inicial que con el tiempo, de funcionar, podría devenir proceso de integración vertebral de la programación. A algunos años de haberse implementado este sistema sigue resultando lo que pareció desde un principio: una válvula de escape para acallar las voces, cada vez más voces, cada vez más autorizadas, que reclamaban que la muestra nacional de teatro más parecía un paseo de las élites teatrales del centro del país por las bucólicas campiñas de la República del Teatro.
Si alguna novedad, realmente, podemos encontrar en esta edición de la MNT, es la ridícula muestra fringe La libre, que proponen varios foros coaligados de la Ciudad de México, aprovechando que la MNT ahora se celebra en el lugar más barato para celebrarse si de todos modos te centras en el centro: adivinaste: la Ciudad de México. La organización de La libre declara:

“Tenemos la certeza de que la celebración de La Libre MT dentro del contexto de la 39MNT en la Ciudad de México, propiciará que se rompan las estructuras medulares de la centralización, se construya un espacio plural para el desarrollo de las diversas poéticas que caracterizan al teatro mexicano y se integre a los espacios independientes como una opción para crecer las posibilidades teatrales en toda la República, dando a conocer, a través de la participación de artistas que por lo general permanecen al margen de los circuitos habituales de programación escénica, el talento y la abundancia de discursos poéticos que existen en todo el país”.

Como idea no está mal. Lástima que se queda solo en la idea. Si la MNT es centralista al programar cerca de un 40% de obras de la Ciudad de México, La libre, que declara que “propiciará que se rompan las estructuras medulares de la centralización”, programa un 87% de obras chilangas, pues de su programación publicada de sesenta y un obras teatrales, solo ocho corresponden a “la provincia”, esto considerando que de las tres obras que denominan su origen en el Estado de México, por lo menos dos son producciones netamente chilangas y la otra ni fu ni fa. De las ocho, pues que nos quedan, solo una, de Nuevo León, está lo suficientemente lejos de la capital para no considerarla hija del centro.
Eso de “…la participación de artistas que por lo general permanecen al margen de los circuitos habituales de programación escénica…” tampoco lo cumple. Es verdad que aparecen muchos nombres que no disfrutan de reconocimiento ni en la misma Ciudad de México que los cobija, pero también encontramos varios los nombres que habitualmente coronan los imaginarios de la cartelera del teatro independiente.
Lo que se presenta, pues, como un ejercicio de descentralización, tanto en lo geográfico como en lo conceptual, no solo deja de cumplirse, sino hace exactamente lo contrario a lo que propone.
Mientras un grupito de orates anda alborotando a las actrices para defender a la mujer en el teatro de una exclusión que no existe y un discurso de diferenciación de oportunidades por el género que solo se da de manera muy tangencial en el teatro mexicano, el centralismo, la verdadera plaga de las políticas públicas, la que vivimos todos los días los creadores que nos declaramos alérgicos al esmog y a desayunar entre la mierda y millones de violentos transeúntes, ese centralismo que en el imaginario relacionamos más con el siglo XIX, sigue pisando fuerte en la toma de decisiones y la asignación de los presupuestos del medio teatral. Si los teatros agrupados en La libre querían ayudarse un poquito con el accidente de tener la MNT en la Ciudad de México, allá ellos y allá los funcionarios que los cobijan, pero que no nos vengan a querer ver la cara de pendejos diciendo que lo hacen por nosotros.

Estrambote
Mario Cantú lo dice clarito: “En nuestro teatro, si no te conocen en la Ciudad de México, no existes”. Así pasa.

Llamado urgente a boicotear Fargo 2


Fargo 2 es una vergüenza para el ser humano: presenta en el nativo americano Hanzee Dent (Zahn Mc Clarnon), a un sicópata asesino, resentido con el mundo Occidental. Más grave aún, Peggy Blumquist (Kirsten Dunst) no solo está más loca que un trolebús, es estúpida y frívola, y por donde pasa va destruyendo mundos. Haber disfrutado tanto esta, en apariencia, brillante obra de arte me hace sentir mitad conquistador furibundo, asesino de bebés aztecas y portador de viruelas, y mitad chofer de microbús de la ruta Texcoco-Neza y circunvecinas, poco más que violador y asesino de mujeres. Llamo a todas las mentes de avanzada de nuestro teatro a boicotear esta basura intelectualoide que repite patrones heteronormativos y patriarcales. Si te ves tentado a echarte esta serie, acaso tentado por su paleta preciosista en duotono, sus chula ambientación en los setenta, la genial onda de Mike Milligan (Bokeem Woodbine), por cierto un napoleoncito afroamericano, acaso por su historia delirante de gangsters contra extraterrestres y average Joes, no lo hagas. Puedes en cambio disfrutar de una producción de Whoopi Goldberg, o apoyar a nuestro teatro combativo, ya sea asistiendo a un espectáculo de Las Reinas Chulas o una pasarela de friquies trasgénero en el LARVA de Guadalajara. El cambio está en ti.

viernes, 17 de agosto de 2018

Los feministas de Trump


En la jerga de las redes sociales los bautizaron como feminazis. La comparación me parece mala, por lejana e imprecisa. Estas personas, quienes, contrario a lo que se piensa y estigmatiza, no son solo mujeres, actúan de manera tan parecida a los fanáticos que se adhieren en los Estados Unidos, con toda su violencia, con toda su imbecilidad, a los discursos xenófobos de Trump, que más convenientemente deberíamos encontrar su paralelo con estos antes que con el extinto régimen del nacional socialismo alemán.
En su discursiva, Donald Trump ha establecido el viejo discurso que segrega el “nosotros” de “los otros” para atacar a los mexicanos. Este discurso, más que viejo, es inmemorial. Para algunos especialistas, el homo sapiens original recurrió a él para apoyar y justificar su exterminio de las otras especies y subespecies de homo.

Así, cuando esta subcategoría ingenua y violenta del feminismo afirma que los hombres, así de general, así de categórico, les arrebatan sin concesión sus espacios laborales y la posibilidad de igualdad salarial, no están diciendo, más que con pequeños ajustes verbales, lo mismo que grita el hombre del peinado curioso cuando sostiene que los migrantes mexicanos les están robando sus fuentes de empleo a los legítimos norteamericanos y han provocado, al trabajar por casi nada, que los salarios para estos legítimos norteamericanos, cuando consiguen empleo, se hayan desplomado. No es coincidencia. En el discurso del odio, como en la política, no existen las coincidencias.

No pensemos en el ridículo lenguaje incluyente que proponen los más avezados feministas, ese que pretende sustituir las vocales en todas las palabras del español que indican género. Es una obvia caricatura del lenguaje que lo único que provoca es hacer parecer retardado al que lo utiliza. Mejor pensemos en el por menos obvio más terrible, el curioso castigo al lenguaje “heteronormativo y patriarcal”, feroz castigo aplicable a cualquiera que se exprese en términos que, a estos defensores de la pureza del género, les parezca que ofende su visión reduccionista de qué palabras pueden usar los hombres y qué palabras pueden usar las mujeres (o, ampliando nichos, qué palabras pueden usar los homosexuales y qué palabras pueden usar los que se afirman heterosexuales), como en los Estados Unidos un negro puede llamar “negro” a otros “negros”, con toda la intención de ofender, pero un “blanquito” no. En esto también los feministas son como los fanáticos seguidores de Trump, y abundan los ejemplos en las redes sociales de personas que son violentadas cruelmente por el único y accidental hecho de hablar en español. Me gustaría ver un vídeo en el que un feminista migrante les hablara a los babosos trumpistas en el más puro y casto español pero sustituyendo la “a” y la “o” por la “e” en todas las terminaciones de género. Esos pinches gringos se quedarían pasmados sin saber si propinarle una putiza al migrante o abrazarlo como hermano de su lucha de odio. La imbecilidad violenta no tiene género, tampoco fronteras.
Como el discurso del odio no conoce límites podríamos seguir estableciendo paralelos menores como con la comida (migrantes comedores de frijoles, machos atendiendo restaurantes), o el vestido (se viste como “mexicano”, se viste como “macho violador”).

El odio desconoce los límites y se expresa por contradicciones. Negar el uso del lenguaje sexista del español (que sí lo es), no provoca igualdad de oportunidades, solo logra esconder las diferencias culturales que modelaron una sociedad injusta, como la nuestra, como casi todas, y en el peor de los casos, retrasa los avances que el discurso feminista ha logrado en el último siglo. Adolf Hitler escondía los campos de concentración, Trump quiso esconder los centros en zonas fronterizas donde separan a los hijos de sus padres.

No dudo de las buenas intenciones de Donald Trump. En el fondo, tiene buenas intenciones. Realmente tiene la convicción de que los migrantes mexicanos son un puto peligro para los Estados Unidos. No solo son asesinos y violadores, no solo roban empleos. Tienen el poder de destruir a su país. De la misma manera, no dudo de las buenas intenciones de los seudofeministas que intentan aplicar su política de odio sobre el que se les ponga enfrente, hombre macho o mujer perpetuadora de códigos. Lo que pasa con Donald Trump es que es violento, arrebatado y algo imbécil. Lo que pasa con estos seudofeministas no puede considerarse diferentes.
Marcos Celis es un buen teatrero. No solo eso, es buen tipo. Anduvo algún tiempo acá en Xalapa y fue mi compañero en la Honorable y Heroica Compañía Titular de teatro de la Universidad Veracruzana. Después regresó a Hidalgo. Hace poco me pidió permiso para llevar a escena “Diatriba rústica para faraones muertos”, una de mis primeras obras. Al principio me puse algo rejego, sobre todo porque, como sucede en mis textos más bisoños, el lenguaje, sobre todo el lenguaje del sexo y la vulgaridad, es realmente pueril (en estas obras los personajes dicen barbaridades como “seno” en lugar de “chichis” o “pene” en vez de los más apropiados “riata” o “pispiote”, por ejemplo”). No he visto el montaje, pero confío en la capacidad de Celis y no dudo que lo haya subido a las tablas con solvencia y poesía. Marco Celis y su grupo inscribieron la obra en la Muestra Estatal de Teatro de Hidalgo. Parece que les fue bien. El público lo gozó. O al menos parecía que lo gozó hasta que una panda de feministas con evidente ignorancia y limitación de sus capacidades cognitivas se lanzó contra el grupo en las redes sociales para vituperarlo por su evidente promoción de la violencia sobre la mujer, o lo que ellos consideraron que hacía.
Cuando la gente es imbécil y violenta, es difícil, si no imposible, explicarle que el cabrón que está disfrazado de danés medieval no es el Príncipe Hámlet, sino un actor de Tepeloapan tratando de repetir las líneas que memorizó de una traducción de María Enriqueta González. Cuando la gente es imbécil y violenta, es inútil explicarle que exponer un mundo violento y soez es todo lo contrario a promover la lumpenización de nuestra sociedad. Decirlo en tono de comedia supongo que es lo que más les molesta: el humor es la máxima expresión de la inteligencia (salvo Capulina, claro).

Así las cosas, primero atacaron con vileza al grupo, luego, tuvo Marcos la gentileza de indicarles que el texto no era de él sino de este servidor. Gracias, amigo. Ya se imaginarán, esta caterva de cromañones volvió a afilar los pedernales y, todos hambreados, me vieron la jeta de un suculento ejemplar de la megafauna. Y como notaron grande al animal, intentaron convocar a la conversación a Micaela Gramajo, un peso pesado de la escena y la defensa del feminismo (por cierto, de toda mi admiración como persona y profesional de la escena: lo que hizo con Bernardo Gamboa en Bola de carne es un altísimo ejemplo de buen teatro y altura ética). Yo sí me pandeé. Más tardo que perezoso etiqueté a Luz Emilia Aguilar, Fernando de Ita y Alejandra Serrano. Entiendan que como buen animal de grandes dimensiones, soy lento y muy, pero muy cobarde. De nada sirvió, mis queridos defensores me dejaron solo a mi suerte. Así que me hice como que estaba pastando y en lo que pude emprendí graciosa huida. No sin antes recibir unas buenas mentadas de madre y, como los trumpistas, conminarme al silencio antes de decir en español lo que pienso de mi lugar en este jodido mundo.

Quiero creer, que como los trumpistas, los ataques tienen otro objetivo que la mera defensa de lo que quieren que creamos que es una postura ética. En este caso, más parece que estos salvajes solo intentaron con esta campañita evitar que la obra del grupo dirigido por Celis ganara su pase a la muestra de la región. Me siento mal por este grupo de teatreras y teatreros, siento que los ofendieron por mi culpa. Yo ya estoy acostumbrado, cuando te expones a la opinión pública es normal que aparezcan estos tipejos que, escudados en el anonimato que les da un nombre y un apellido que solo conocen en su casa, se sientan libres para lanzar los más ingenuos vituperios.

Estrambote
El teatro es un milagro. Cada puesta en escena es un milagro. Cada que un grupo de valientes teatreros toma un texto mío y le dedica una parte de su vida para llevarlo al tablado me honra y honra mi paso por este mundo. Siempre he dicho que el dramaturgo es un cobarde que no da la cara que escribe para un grupo de valientes que se paran de cuerpo entero para arrostrar a una comunidad con palabras que duelen y el riesgo que esto implica. En este caso me siento doblemente honrado y agradecido con los señores de Ánimo Ánimo: en el elenco de Diatriba… con Karen Celis, Marcos Celis, Alice Dutailly, Juan Jasso Aboytes y Emanuel Papadopoulos Grimaldi. La dirección es del mismo Marcos Celis y la asistencia de dirección de Alejandra Luna Rojas. Gracias por ser así, no cambien.